Casi tres años del accidente de tren más grave de la Historia de España

En la curva de Agrandeira sucedió todo hace poco más de dos años y medio. En una curva, como podía ser otra cualquiera, con sus raíles, sus maderas cubiertas de piedras negras, sus redes eléctricas, sucedió una catástrofe que se pudo evitar. Si concretamos más y refrescamos la memoria – todo se olvida con la prisa que los congresos dictan – hace dos veranos, en una curva de Angroiss un tren dejo de andar. No había obstáculos en las vías, solo manchas de incompetencia que hicieron bailar hacia la tristeza a cientos de almas.

Yo perdí un viejo amigo en ese tren. Muchas madres perdieron a sus hijos. Otros salvaron su vida como pudieron pero perdieron en ese tren la felicidad. Recuerdo cuando todo pasó. Recuerdo también el paseíllo falso y ensayado del presidente del gobierno, Mariano Rajoy, que intentando mostrar empatía forzaba un rostro serio y triste. Ese mismo rostro teatral, sacado de las mejores carteleras de Broadway, lucia la ministra de fomento, Ana Pastor y el presidente gallego, Feijóo, quién andaba liderando la manada de políticos y altos cargos petulantes.

Recuerdo también al monarca. Como se conmovió y se enterneció cual cachorrito en el momento de despedida de sus amos. Juan Carlos se involucró tanto que se limito a escribir con su pluma estas letras y seguir haciendo lo que toda su vida había hecho. Cada uno que interprete.

“El terrible accidente ferroviario ocurrido en Santiago de Compostela, en vísperas del Día de Galicia y del Patrón de España, ha teñido de luto nuestro país y suscitado los sentimientos de pesar de toda la Comunidad Internacional. Me dirijo a los damnificados de este desgraciado suceso que, como seres humanos y como españoles, nos conmueve y nos llena de dolor y tristeza, para transmitirles el más profundo cariño y toda la cercanía y la solidaridad de la Familia Real”

Después de guardar su pluma, Don Juan Carlos no volvió a decir nada, absolutamente nada. Siguió cazando elefantes, navegando en yates y acordándose bien poco de las víctimas que “como seres humanos y españoles se conmovían por lo sucedido”, porque claro está que si no fueran españoles bien poco importaría lo sucedido. Bueno bien poco les importa a Juan Carlos, a su hijo Felipe, al jugador de balonmano y al presidente – afortunadamente en funciones – y su cuadrilla de ministros robóticos lo que sucedió en Angrois, pero en esos momentos el postureo mandaba. “Que pena que no hubieran puesto en el Facebook lo de la banderita de Galicia como este año han hecho con lo de los moros de Francia” se comentaba en Génova. También en Ferraz.

Durante un mes, siendo temporalmente generosos, nuestros amables y honrados mandatarios platicaban en los medios, se ponían chapas progres en los abrigos y se comprometían a trabajar por la justicia. Todo recaía en el “malvado” maquinista. Un pandillero que hacia carreras ilegales en su tiempo de trabajo al puro estilo Fast and Furious (Así se le mostró en los medios), al que la verdad creo que nadie exculpa.  Sin embargo, la estrategia de poner en el paredón al maquinista y esconderse en las trincheras les funcionó notablemente. Cuando el tiempo pudrió el interés social de la noticia del accidente las televisiones dejaron de hablar de ello porque, al fin y al cabo, el periodismo de hoy es una industria cultural más. En menos de un cerrar de ojos, solo un centenar de personas, todas ellas vinculadas con víctimas del accidente, pedían justicia institucional mientras el resto del mundo seguía en el camino que dejaba atrás lo sucedido.

Rajoy no volvió a pasear tristemente por Angrois como un hipster sin alma. Tampoco podemos reprocharle mucho a este pobre hombre, es normal que no quisiera volver a su tierra teniendo en cuenta que el primo de su mujer quería partirle la cara. Además andaba liado en Génova, “que si destruyo un ordenador por aquí”, “que si Luis se fuerte” por allá…” y claro, las cosas no estaban como para ponerse a pensar en el accidente de tren más grave de la historia de España. ¡Qué narices!, la cosa no estaba como para pensar en España.

El tiempo se llevó las ganas de hacer justicia que las instituciones y los políticos mandones tenían. No solo se llevó las ganas de investigar, sino que les trajo una alfombra bien grande en la que pudieran ocultar lo sucedido en Angrois. ¿ Por qué será?. Las víctimas familiares y amigos, presentaron en el congreso firmas, y peticiones para la investigación del accidente en la cámara. Si alguno tenía esperanzas, PP y PSOE, se pusieron de acuerdo para rechazar esta comisión.

Yo, como si fuese Zola en el caso Dreyfus, acuso al Partido Popular y al Partido Socialista,-puesto que la línea de tren fue impulsada en el gobierno socialista de Zapatero y mantenida durante el mandato de Mariano Rajoy – de querer escurrir el bulto. Les acuso de vender un producto y un servicio de transporte falso en el que se dispondrían de las máximas condiciones de seguridad y de sistemas de conducción automática que nunca existieron. Acuso a ambos partidos, de obstruir a la justicia con su poder al rechazar una comisión de investigación en el parlamento de los diputados.  Acuso a Rajoy de fingir un dolor que no conoce, como acuso a su ministra de fomento y al presidente de Galicia. Acuso al Partido Popular de controlar y manipular medios de comunicación: desde TVE hasta cadenas privadas donde sus presiones feroces atormentan a la ilustrada libertad de prensa.

Después de sufrir en mis carnes la apatía extrema de dos partidos que representan los valores canovistas más retrógrados del turnismo, esbozo una sonrisa: << Solo se va quien es olvidado >>.

Aunque no quieran, la verdad rebosará de sus alfombras.

2 Comentarios

  1. ¡Muy bueno!, desgraciadamente, por parte de lo que tu tan bien llamas los partidos canovistas, se intenta que la gente tenga una «memoria selectiva». Solo se debe recordar lo que les interesa y aceptando por buena la versión que a ellos les interesa.
    Por otro lado se que te afecta personalmente y que nunca olvidaras al que fue tu amigo.

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