La columna de opinión de Lluis Bassets publicada en EL PAÍS el pasado 4 de enero acababa de la siguiente manera: “Las líneas rojas tienden a convertirse en un sistema. La línea roja de la CUP sostiene las líneas rojas de Pedro Sánchez, de Podemos y de los barones del PSOE. Con Mas investido por la CUP era más fácil que funcionaran las urgencias para buscar mayorías en Madrid. Ahora es un estímulo para seguir bloqueados y repetir también las elecciones generales.”

Partiendo de esta tesis, el anuncio de Mas de echarse a un lado para que pueda investirse a un nuevo President sin necesidad de convocar nuevas elecciones destruye las líneas rojas de Cataluña,  volviéndose todas las miradas hacia las líneas rojas de Madrid, que no son otras que las línea rojas que el PSOE marca respecto al pacto con el PP y la línea roja de Podemos respecto al pacto con el PSOE, consistente en la celebración del referéndum de Cataluña.

Dadas las circunstancias excepcionales que se viven en Cataluña, la presión crece sobre el PSOE, con tal de que forme una hipotética coalición con el PP  y Ciudadanos o al menos se abstenga y permita gobernar a Rajoy, con el único fin de hacer un frente común ante el reto soberanista y atajar la deriva imparable que el procés toma con la investidura de Carles Puigdemont. Esta presión de los poderes fácticos sobre el PSOE no sólo favorece al PP, al que le permitiría esgrimir simbólicamente la gran unidad de los partidos en torno a la cuestión catalana, sino también a Podemos, ya que la materialización de la gran Coalición probablemente vería crecer exponencialmente sus expectativas electorales de ahí que líderes como Carolina Bescansa vuelvan a sacar el fantasma del “PPSOE” en los medios.

Sin embargo, la retirada de Mas y el desbloqueo del procés pueden implicar un cambio de rumbo en la percepción y opiniones de la ciudadanía. Y es que, con el avance que supone la investidura, la cual significa poner inmediatamente en marcha el proceso constituyente de una República Catalana que deberá estar plenamente operativa en 18 meses, la solución del referéndum planteada por Podemos queda desfasada. Cierto es que podía verse como una solución intermedia para un escenario de bloqueo como el que existía antes de la renuncia de Mas, en el lugar de convocar unas nuevas elecciones plebiscitarias, pero con las nuevas circunstancias el referéndum no soluciona nada, ya que el proceso soberanista catalán se encuentra en una etapa posterior. La investidura de un candidato soberanista implica el éxito de la opción independentista, toda vez que aquellas elecciones, pese a no serlo formalmente fueron un plebiscito encubierto, donde si bien no ganaron los votos, sí que se ganó en escaños, consiguiéndose el objetivo de formar un Govern rupturista.

Así pues, los hechos del sábado 9 sólo dejan dos opciones sobre la mesa. O se permite la independencia de Cataluña o se plantea batalla legal y políticamente contra ella, quedando fuera del juego la opción intermedia de Podemos, consistente en convocar un referéndum y luego defender el NO en la campaña del mismo.

Podemos, con la investidura de Puigdemont, tiene la oportunidad de renunciar al referéndum en Cataluña sin que signifique una cesión ante el PSOE, sino asumiendo que los catalanes no tienen que decidir otra vez su futuro, puesto que el proceso en el que decidieron implícitamente ha acabado con el triunfo del independentismo. Este hecho podría permitir un pacto que intentase al menos materializar la mayoría progresista en el Congreso de los Diputados, a la que sólo le hace falta el voto a favor del PNV  y la abstención de la coalición de Artur Mas y de ERC.

El PSOE debe resistir la presión de la Gran Coalición y mantener vivo el espíritu de una coalición a la portuguesa, cierto es, pero este es el momento perfecto para que las “líneas moradas” que marca Podemos se superen. Para ello hace falta que el partido de Pablo Iglesias y sus socias Colau y Oltra estén dispuestos a permitir que Pedro Sánchez y el PSOE gobiernen, retirando su apuesta al todo o nada a la convocatoria electoral de mayo si la investidura en el Congreso no se desbloquea. De no optar por la opción del desbloqueo del posible pacto con el PSOE, la ciudadanía, quizás y solo quizás, podría ver a Podemos como el culpable y afearle su conducta en las urnas. Consúltenlo con la almohada, amigos/as de Podemos.

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