Desinformación
Fuente: Steve Cutts

Si quisiéramos; podríamos leer noticias, escuchar la radio o ver los informativos de televisión durante las 24 horas, los 365 días de este 2018 que acaba de comenzar. A cada momento seríamos informados de una nueva noticia y, este volumen de información al que estamos expuestos sin precedentes en la historia, podría hacernos creer que estamos más informados que nunca, que las nuevas tecnologías no permiten que nada se nos escape y que cualquiera puede contar lo que pasa en el mundo a través de las redes sociales, democratizando así la información.

Según un estudio de la AIMC (Asociación para la Investigación de los Medios de Comunicación), los ciudadanos tendemos a pasar cada vez más tiempo en internet utilizando nuestro teléfono móvil, el ordenador o la tablet y, entre las actividades más frecuentes, está la de mantenernos informados ya sea a través de Twitter, Facebook o periódicos digitales entre otros. Como consecuencia, cada vez estamos expuestos a más impactos informativos, publicitarios y de otros tipos.

Llegado a este punto debemos hacernos la siguiente cuestión: ¿Realmente es información lo que consumimos? Es llamativo que en el año 2016 la palabra ‘Posverdad’ fuera elegida como palabra del año por el Diccionario Oxford; palabra que según la RAE (Real Academia Española) significa “distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales”. Por si esto no fuera suficiente, la palabra del año del 2017 ha sido ‘FakeNews’ o noticias falsas, popularizada por Donald Trump.

Si a esta ecuación le añadimos la crisis económica y la revolución digital que ha afectado en gran medida a los medios de comunicación; hiriendo de muerte a la prensa tradicional al mismo tiempo que los medios digitales no terminan de encontrar su sustento económico, y se le suma la precariedad laboral de los periodistas como consecuencia de lo anterior, podemos visualizar el actual contexto de los medios de comunicación.  Este mes se ha hecho público el cierre de las revistas Interviú, Tiempo y Noticias de la Comunicación, tres claros síntomas del avance de la ‘Posverdad’ o muerte del periodismo de hechos, si me permiten esta licencia.

Desde mi punto de vista, la consecuencia lógica de esta situación es que los ciudadanos creemos estar bien informados cuando lo que realmente ocurre es que vivimos “bombardeados” por información parcial, falta de rigor u objetividad, mezclada con algunas informaciones de calidad que aún hoy medios de comunicación pueden permitirse el lujo de producir, sin perder de vista a su público objetivo, por supuesto. Además, los ciudadanos que son conscientes de esta circunstancia, tienden a señalar a los periodistas como culpables de este “bombardeo”, siendo estos, en realidad, los principales afectados por la desinformación masiva al no poder ejercer su profesión de forma digna.

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