Lap it up Steve Cutts
Lap it up (Steve Cutts, 2016)

Escándalos sexuales, filtraciones interesadas o informaciones falsas, casi nos hemos acostumbrado a que el debate político de los medios de comunicación gire en torno a cuestiones tan banales como estas, mientras que lo realmente importante, apenas aparece en los medios por falta de espectacularidad.

El gran espectáculo de la basura no se da únicamente en el ámbito de la política, sino que impregna los informativos de televisión, radio o la prensa digital, dominados todos ellos por el sensacionalismo y la espectacularización informativa que resulta eficiente en términos de share o cuota de audiencia. En este punto, resulta difícil discernir donde acaban los medios de comunicación y empiezan los partidos políticos ya que parecen formar parte de la misma masa homogénea.

No puedo evitar hacer referencia a la célebre cita del filósofo francés Voltaire, que reza “estoy en desacuerdo con lo que dices, pero defenderé hasta la muerte tu derecho a decirlo”. Esta referencia es enigmática pues el autor nunca la pronunció y, en caso de haberla pronunciado, tengo serias dudas sobre si este filósofo defendería hasta la muerte las opiniones que se vierten en las innumerables tertulias políticas e informativas, donde los opinadores profesionales, en muchos casos, ejercen su legítimo derecho a expresarse sin el menor rigor u objetividad periodística.

Este contexto, vinculado directamente con el fenómeno de la posverdad o muerte del periodismo de hechos, las fakenews y la desinformación; visibiliza una nueva característica de los individuos en su relación con la información y los partidos políticos. Y es que las personas han comenzado a militar en los medios de comunicación. En este sentido, Juan Soto Ivars, autor de Arden las redes (2017), señala que las personas prefieren cualquier mentira que concuerde con su opinión a una información veraz que se la desmienta.

Esta lamentable atmósfera, que denigra la noble profesión periodística y la vocación política de servicio público, abre paso a un escenario incierto donde la opinión pública se vuelve volátil e imprevisible, caldo de cultivo para la mediocridad y el odio.

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